lunes, octubre 11, 2010
LA INGRATITUD HIERE EL CORAZON DE DIOS

Nuestros orgullos nos impiden muchas veces ser agradecidos. Todos los días, Dios dueño de todo lo que existe, nos da de regalo lo más preciado: la vida, la salud, las alegrías, el amor, las oportunidades y nuestra familia. Nos ilumina y nos libra de todos los peligros, nos sana el corazón y nos brinda la oportunidad para que estemos a su lado aprendiendo a realizar de verdad, una vida a plenitud.

¿Cuántas son las personas que en ocasiones muy difíciles, se acercan a nosotros para animarnos y conducirnos por el bien? Que maravilloso seria que hoy recordáramos un poco de esos beneficios recibidos y esas muestras de solidaridad, tanto de palabras como de obras.

A ellos, nuestras más sinceras gratitudes.

Y es que todos nuestros agradecimientos han de nacer del corazón de una manera sincera. Y es que esos padecimientos e insensibilidades ante el sufrimiento, cuando somos injustos, egoístas, soberbios y ambiciosos, sin pensarlo, nos van distanciando y apartando del ser correspondidos para con Dios- Padre y Creador de todo lo que existe a nuestro alrededor.

San Marcos en el Cap. 9-23 nos llena de ánimo cuando nos dice: “Todo es posible para el que cree”. Y es que el poder de la fe nos hace aprender a entender que creer en Dios, nos llena de posibilidades que desbordan el corazón.

Cuando depositamos nuestra vida en la manos de Dios ya no confiamos simplemente en nosotros mismos, sino que confiamos plenamente en aquel que todo lo hace posible por más lejano y separado que se encuentre.

Muchas veces nos olvidamos quien es Dios y cuál es su naturaleza y nos equivocamos cuando lo tratamos como uno e igual a nosotros . Dios es tan misericordioso con nosotros, que hasta nos brinda su presencia viva en cualquier instante, haciendo uso de personas que se nos muestran generosas y llenas de su amor.

Es necesario pues creer y confiar en el poder de Dios, siendo gratos con El por todo lo que hace por cada uno de nosotros. Él nos ayuda a vencer el negativismo que como una epidemia contagia a todos aquellos que con el corazón abierto quieren construir la vida con su ayuda. Juntos con viva voz digámosle:

SEÑOR, TE DAMOS GRACIAS POR TODO LO QUE HACES POR NOSOTROS, POR QUE HOY HEMOS SENTIDO QUE NOS SOSTIENES Y NOS CUIDAS CON INMENSO AMOR. SANA NUESTRAS HERIDAS Y LLENANOS DE TUS SEGURIDADES.
 
posted by Laureano García Muentes at 11:39 a.m. | Permalink |


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