sábado, marzo 10, 2012
SEAMOS COHERENTES COMO CRISTO NOS LO ENSEÑA

Cada vez que leemos la Palabra de Dios, sentimos que el Señor con constancia nos invita y estimula a ser coherentes con nuestras obras y nuestros pensamientos.

El, nos inquieta de esta manera, para que surja en nosotros la pregunta sobre si estamos viviendo como Él nos lo ha enseñado.

El sabe que las mayores insatisfacciones de nuestra vida acaban naciendo de nuestras desavenencias frente a la vida las que nos inducen las incoherencias.

Al leer y discernir los Evangelios vemos que Jesús cada vez que El le hablaba a la gente que le seguía, les decía que no vivieran con esas rupturas entre lo que era su fe, sus pensamientos y las obras que realizaban; y les pedía que para seguir sus pasos se esforzaran por unificar e integrar lo que tenían en su corazón con lo que realizaban, siendo auténticos en sus hechos y sus palabras, es decir, que se constituyeran signos de vida nueva para los demás.

Y la verdad es que estas grandes ilusiones la deseamos todos nosotros los que hemos optado de seguir a ese gran Maestro, porque yo creo, que no hay nadie en el mundo que quisiera vivir en constante incoherencia. Sin embargo, cuando empezamos a comparar nuestra vida con lo que sentimos por dentro, acabamos por quedarnos, a lo mejor, hasta desilusionados de nosotros mismos.

En el Evangelio de San Mateo (Mt 23,1-12): Jesús nos dice: “El que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido”. ¿No nos parece curiosas estas Palabras de Jesús?, parecería ser la contraposición a lo que nosotros generalmente tendemos, a lo que estamos acostumbrados ver.

A diario percibimos en cualquier parte del mundo, que hay muchos hombres que quieren sobresalir ante los demás, pero para que ello se dé, es necesario que estos se hagan una buena propaganda y se coloquen bien delante los demás, para que así, sean enaltecidos.
Pero miren lo contradictorio de ello, el hombre que se esfuerza por hacerse pequeño, sencillo, humilde y servidor de los demás, acaba siendo pisado por los que tienen el poder y el dinero.

Entonces, muchos nos preguntaremos ¿Cómo es posible, que Jesucristo nos diga estas cosas?

Sus palabras son la luz de la fe y de la verdad. Cuando vemos nuestras realidades notamos que El nos hace ver algo muy importante: la búsqueda constante de dar la primacía a lo que realmente vale sin que nos importe dejar en segundo lugar lo que menos vale.


El nos exhorta a que demos la primacía al hecho de que es el hombre el que tiene que poner en primer lugar en su corazón a Dios y no a cualquier otra cosa, como el poder, el dinero, el egoísmo, la vanidad, etc.

Cuando Jesús nos dice que a nadie llamemos ni guía, ni padre, ni maestro, en el fondo, a lo que se refiere es a que aprendamos a poner sólo a Cristo como primer lugar en nuestro corazón, hacerlo centro de nuestras vidas. Porque sólo El es capaz de irnos marcando auténticamente las prioridades de nuestra existencia.

Dios es consciente de que si nosotros no somos capaces de ello y vamos poniendo otras prioridades, sean circunstancias, sean cosas, o sean personas, al final lo que nos acaba pasando es que nos contradecimos a nosotros mismos y aparece en nuestro interior la amargura.

Éste es un criterio que todos nosotros tenemos que aprender a purificar, es un criterio que todos tenemos que aprender a exigir en nuestro interior una y otra vez, porque habitualmente, cuando juzgamos las situaciones, cuando vemos lo que nos rodea, cuando juzgamos a las personas, podemos asignarles lugares que no les corresponden en nuestro corazón.

El primer lugar y el primer escalón de nuestra vida sólo le pertenece a Dios. Y esto es lo que Dios nos reclama una y otra vez.

Jesús mediante su Palabra nos sigue insistiendo en que seamos capaces de ser congruentes con lo que somos; congruentes con lo que Dios es para nosotros y congruentes con lo que los demás son para con nosotros.

En esa ecuanimidad es en la que tenemos que vivir, es donde está la realización perfecta de nuestra existencia, es donde se encuentra el auténtico camino de nuestra realización.


Hoy, con mayor razón, debemos trabajar por nuestra salvación personal y comunitaria, así nos lo dice San Pablo, con respeto y seriedad, pues «ahora es el día de la salvación» (2cor 6,2).
 
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miércoles, febrero 29, 2012
ALIMENTEMOS NUESTRA FE Y LA CONFIANZA EN DIOS

La incredulidad todos la experimentamos hasta cierto punto y ella, nos roba nuestro poder sobre el pecado. La incredulidad es lo que nos motiva a tomar otros rumbos y hacer las cosas a nuestra manera o a la manera del mundo en vez de obedecer las maneras de Dios.
Ella, corrompe nuestra mente y nos aparta de la idea de quién es Dios realmente.

“La incredulidad nos hace poner a Dios limitado y como si lo metiéramos en una caja”. Me decía un día un gran amigo. “Aprendí de esto hace muchos años atrás cuando estaba frustrado por la aparente ineficacia de mis oraciones”. Y me decía: “En mi conocimiento limitado, yo concluí que siempre que estuviera alrededor de otros que buscaban la intervención divina de Dios, ellos sólo conseguirían un milagro si yo salía del cuarto. ¡Como si mi incredulidad estuviera arruinando todo para los que si creían! Había encajonado a Dios en una pequeña idea. En mi cerebro, yo limité quien era él y lo que él puede hacer y lo que él quiere hacer, basado en mis experiencias humanas. Yo estaba orando a mi propia idea de Dios, mi propia imagen creada por mí de él”.

Y me continuaba diciendo: “Para librarme de esto, yo hice un ejercicio espiritual que quizás tú encuentres útil, también. Yo me imaginé una caja dentro de mi cabeza. Yo me imaginé que abría la caja para dejar salir a Dios estallando de ella. Yo lo "vi," expandirse a un tamaño mucho más grande- él creció más grande que el universo, más grande que lo que mi imaginación podía contener, e incluso más grande que eso. Entonces recé a ESE Dios. ¡Y adivina! ¡La diferencia en mi fe fue impresionante! Yo ya podía confiar en un Dios que era inmenso y poderoso”.

Qué gran experiencia has manifestado le dije, explicándole que lo contrario de la incredulidad, según Jesús, es la fe.

Nosotros quizás pensamos que no tenemos la suficiente fe como para obtener milagros, pero si la tenemos, porque la fe es un regalo puro, dado a nosotros por el Espíritu Santo durante nuestros bautismos. Pero la fe debe ser ejercitada por medio de la confianza en Dios y ella ha de ser una decisión, no un sentimiento, no un regalo.
La confianza es la decisión de dejar salir a Dios de la cajita mental donde todos lo tenemos.

Recordemos que Jesús les dijo a sus discípulos que la razón por la cual ellos no pudieron expulsar al demonio de aquel hombre poseído fue porque les faltaba más oración.

Miren, nuestras obras más poderosas para el reino de Dios vienen de una base de oración.

Cuándo nosotros entramos en la oración sincera (no oración de rutina que es solamente un montón de palabras que salen de nuestros labios sin darles consideración), nosotros nos unimos a Dios y abrimos la caja de nuestro pensamiento limitado para meditar en quien es Dios realmente.

La mejor oración que podemos ofrecer cuándo la confianza está débiles es, como dijo el asombrado padre del chico a Jesús, ¡"Creo, pero ayúdame porque tengo poca fe"!

En esto, nosotros admitimos nuestra comprensión limitada de Dios mientras afirmamos que nuestro deseo verdadero es de ser un creyente.

Elegir confiar en Dios no significa que nos forcemos a tener confianza; significa que QUEREMOS confiar - y Jesús hace lo demás.

SEÑOR, CONFIAMOS EN TI, TU DE VERDAD NOS GUIAS Y NOS ALIMENTAS LA FE, AYUDANOS A SER VERDADEROS DISCIPULOS TUYOS Y A LLEVAR TU MENSAJE DE AMOR A TODOS LOS HOMBRES.
 
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domingo, febrero 19, 2012
CUANDO ACEPTEMOS NUESTROS SUFRIMIENTOS UNIÉNDONOS A JESÚS EN SU CRUZ, NUESTRO DOLOR LLEGARÁ A SER ORACIÓN

Hace unos días me comentaba una amiga sobre la serie de problemas que tenia y que no le encontraba las soluciones. Y me decía: “Me encontraba tan desesperada de lo que me estaba pasando que tuve la necesidad de visitar a mi director espiritual para contarle todo lo que sentía y escuchar de él, sus consejos”. Y me continuaba diciendo: “Yo no recuerdo cual había sido la causa inicial de mi sufrimiento, pero yo nunca me olvidaré de cómo él me respondió cuando de manera sincera le comente sobre ellos: "En vez de ver tu cruz como una maldición, tómala como una bendición". Yo admirada de su respuesta le pregunte: ¿"Cómo"? y el me respondió: "Abrazándola”.

“Mi temor había sido como cargar la cruz, no encontraba por ninguna parte formas de cómo sobrellevara y sabia que si seguía así, me iba a llevar esta situación a un desastre irremediable”.

“Por supuesto que yo estaba equivocada”. Me decía. “Una vez que yo deje de tratar vanamente de deshacerme de ellas, sentía que la carga se hacía mucho más ligera”.
Mira, me decía: “He experimentado la gran fuerza que me ha dado Jesús. Desde la Cruz me ha mirado a los ojos y me ha invitado a que le mire y le conozca”.

“Cuándo nos atrevemos a escucharle e ir aceptando su Palabra notamos que ella se hace vida en nosotros. De verdad, cuando nosotros aceptemos que siempre tendremos a personas en nuestra vida quiénes nos rechazarán, que demandarán demasiado de nosotros, o nos lastimarán de alguna u otra manera, y cuando aceptemos nuestros sufrimientos uniéndonos a Jesús en su cruz, nuestro dolor llegará a ser una oración. Y una vez que hemos hecho esto, alcanzaremos la fuerza de Cristo y la energía para hacer lo que es bueno y cariñoso”.

Es entonces nuestro momento. Cuestionémonos hoy y sinceramente respondamos a esta pregunta: ¿Qué tan ansiosos nos encontramos por resolver nuestras preocupaciones? Es esta pregunta una medida excelente para saber cómo y de qué manera esta nuestra fe en Dios. Y si ella, la tenemos verdaderamente.

A menudo y quizás a muchos nos pasa que en vez de vivir por fe, vivimos por el temor. Tenemos miedo de que si hablamos de Dios abiertamente, los demás nos rechazarán. Tenemos miedo de que si obedecemos a Dios cuando él nos habla por medio de las enseñanzas morales de la Iglesia, la vida será demasiado dura, demasiado desagradable, demasiado incómoda, o demasiado desastrosa.

Tenemos miedo de que si tomamos en serio las escrituras acerca de dar limosna y donamos el diez por ciento de nuestros ingresos a la parroquia y a otras organizaciones de caridad, nosotros acabaremos en la pobreza o, por lo menos, miserables por no comprar tantas cosas materiales como nos gustaría tener.

Jesús explica en un pasaje del Evangelio de San Marcos Cap. 8,34-9,1 que las obras de la fe implican realmente: cargar nuestras cruces por amor a los demás, como Él lo hizo.

No hay trabajo más grande que el de llevar la carga de amar a los que son difíciles de amar a pesar de sus pecados en contra de nosotros. No hay bendición más grande que la de transformar nuestros sufrimientos en una ofrenda a Dios para el beneficio de los que son impíos. Ten en cuenta que no todos los sufrimientos son cruces que debemos soportar; hay buscar el discernimiento por medio de la dirección espiritual y consejería terapéutica de alguien que lleno de Dios nos desea ayudar.

SEÑOR, NOS ABRAZAMOS A TU CRUZ Y CON UN CORAZON HUMILDE TE PEDIMOS NOS FORTALEZCAS PARA ASUMIR Y CARGAR CON NUESTROS PROBLEMAS HACIENDOLES LIBIANOS.
 
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martes, febrero 07, 2012
SOMOS INSTRUMENTOS DE DIOS PARA EL MUNDO.

El Evangelio de San Marcos en 1, 21-28. Nos ayuda a que comprendamos cuán grande tiene el reconocimiento de ser hijos predilectos de Dios.
El, nos ha hecho a su imagen y semejanza, y nos invita a ser con la ayuda de su Espíritu Santo, instrumentos suyos para todos los hombres a fin de que le conozcan y le amen como el verdadero y único Dios que ama y salva.

En sus apartes, San Marcos nos dice: “En aquel tiempo, llegó Jesús a Cafarnaúm y el sábado siguiente fue a la sinagoga y se puso a enseñar. Los oyentes quedaron asombrados de sus palabras, pues enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.

Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: "¿Qué quieres tú con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios".

Jesús le ordenó: "¡Cállate y sal de él!". El espíritu inmundo, sacudiendo al hombre con violencia y dando un alarido, salió de él. Todos quedaron estupefactos y se preguntaban: "¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta?

Este hombre tiene autoridad para mandar hasta los espíritus inmundos y lo obedecen". Y muy pronto se extendió su fama por todo Galilea.

Al meditar y reflexionar esta Palabra, podemos percibir que cuando nos disponemos a aceptar la autoridad de Jesús, le estamos diciendo que nos libere del mal y seamos sus instrumentos.

De verdad, todos los hombres sin excepción estamos llamados a cumplir una misión, llamados a realizar el bien, a vencer el mal en el mundo.

Recordemos que Jesús es Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre por quien todo fue hecho; que por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del Cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María la Virgen, y se hizo hombre. Esto, lo pronunciamos cuando oramos el Credo.

Si, nosotros somos instrumentos de liberación del mal en el mundo, por ello, hoy te invito a que tomes la decisión de conocer, escuchar y seguir a Jesús y con El en nuestro corazón convertirnos en sus instrumentos para ayudarle a expandir su Palabra de vida en todo el mundo utilizando todos los medios que El mismo nos lo inspire.


MI COMPROMISO DE HOY:

REZARÉ EL CREDO, Y MEDITARÉ MUY BIEN CADA FRASE.
 
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jueves, enero 26, 2012
BUSQUEMOS SER HUMILDES Y SENCILLOS DE CORAZON

Para ser humilde es necesario, mirarse a sí mismo, de cara a Dios y no de cara a los hombres.

Aceptar que somos pequeños ante la grandeza de Dios. Reconocer que no VALEMOS por nosotros mismos, sino porque somos hijos de Dios, porque venimos de Él.

Pensar que cualquier cualidad que tengamos, se las debemos solamente a Dios. Si realmente abrazamos en nuestro corazón esta idea, no puede caber en nuestra alma, el orgullo, la soberbia, el amor propio.
Pensar también que los defectos que tenemos, son porque la naturaleza humana es imperfecta. Todos los hombres tenemos defectos. Lo que es importante es aceptarlos y no negarlos y después trabajar, y luchar por mejorarlos.
¿CÓMO PODREMOS ALCANZAR LA SANTIDAD QUE NOS OFRECE DIOS?

La SANTIDAD QUE NOS OFRECE DIOS, consiste exactamente en aprovechar esas cualidades que El nos da para hacer SU VOLUNTAD, para hacer el bien y en trabajar en nuestros defectos que son obstáculo para lograr esto.

Habernos personas que por fuera aparentamos y fingimos ser humildes, inclinamos la cabeza, buscamos el último lugar, hablamos de nuestros defectos... pero por dentro nos creemos mucho: no cedemos nunca, queremos hacer siempre nuestra voluntad, no aceptamos la crítica de un amigo, ni una corrección de un superior. Aparentamos ser sencillos, pero en nuestro interior siempre andamos sintiéndonos más que los demás. Esta humildad es una humildad fingida, es UNA FALSA HUMILDAD.
Habernos otras personas que nos sentimos de verdad tan poca cosa, que nos da pena si alguien reconoce las cualidades que tenemos, que nos enfocamos exclusivamente en nuestros defectos.
Incluso a veces nos creemos tan humildes que nos sentimos desilusionados, abatidos, desalentados.
ESTO ES HUMILDAD MAL ENTENDIDA.

Fíjate bien, ser humilde no es rechazar las cualidades que tenemos, ¡Claro que las tenemos! Pero las tenemos gracias a Dios y no por mérito propio.
En nuestras manos está el incrementarlas y usarlas para bien.

Es importante reflexionar que ser humildes tampoco significa conformarse con lo que uno es y decir: " como tengo defectos y los reconozco, así me quedaré".
ASI PODEMOS TRABAJAR LA VERDADERA HUMILDAD

La VERDADERA HUMILDAD es reconocer con realismo todo lo bueno y todo lo malo que tenemos, y después tomarlo en mis manos y saber que no podemos hacer solos, nada con ello. Es saber que CON LA AYUDA DE DIOS, podemos aumentar nuestras cualidades y corregir los defectos para poder realizar la VOLUNTAD DE DIOS

CON ESTAS AYUDAS PODEMOS ALCANZAR NUESTRA HUMILDAD

CONTEMPLEMOS A CRISTO humilde. Recordemos que Él, siendo nada más y nada menos que "el Hijo de Dios", siempre fue humilde y sencillo, desde su nacimiento hasta su muerte en la cruz, nunca hizo alarde de todas sus cualidades y poder. Si leemos el Evangelio veremos que Jesús siempre fue sencillo y humilde. Él mismo nos dijo: "Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón".

Pidamos su ayuda a Dios en la ORACIÓN. Pedirle que nos ayude a ser humildes. Recordemos que, solos nada podemos y que solo con Él todo lo podemos.

Empezar a SERVIR a los demás sin esperar ninguna recompensa o ser alabado por ello.

Siempre que hagamos algo bueno, tratemos de PASARLO DESAPERCIBIDO.

Aprendamos a RECIBIR AYUDA de los demás, aunque me cueste trabajo y procurar dar siempre las gracias.

Decir NO A LA PRESUNCIÓN (tanto de cosas materiales como de nuestras cualidades, nuestras hazañas), en una palabra, tratar de no hablar tanto de uno mismo y escuchar más de los otros.

Hagamos un esfuerzo por observar, descubrir y APRECIAR LAS CUALIDADES DE LOS QUE ME RODEAN (padres, hermanos, familiares, compañeros de trabajo, amigos y enemigos).

Aprender a PEDIR PERDÓN cuando hayamos ofendido a otra persona y a reconocer nuestras faltas frente a los demás cuando nos equivoquemos. Esto no nos hace menos, al contrario, nos hace más valiosos.

Recordar la frase de San Agustín:
"Si; quieres ser grande, comienza por ser pequeño"

Recordemos siempre que La humildad es la madre de muchas de las virtudes y la soberbia de muchos pecados.

SEÑOR, ENSEÑANOS A SER HUMILDES Y SENCILLOS DE CORAZON.
 
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domingo, enero 15, 2012
MADURANDO NUESTRA FE

El relato que nos hace San Lucas en el Cap. 24. 13-35- En el Camino de Emaús- está lleno de curiosidades.

Comienza por presentar a dos de los discípulos de Jesús quienes de regreso al grupo, están contando lo que les había sucedido en el camino y cómo reconocieron a su Maestro “al partir el pan”.

Estando en el camino y llenos de gran pavor, Jesús los sorprende con la palabra en la boca.

¿Parece algo irónico no es así? ¿Nunca nos ha sucedido algo así, que al estar hablando con alguien y comentando sobre una persona determinada, sorpresivamente se nos presenta una persona y sarcásticamente se coloca cerca de nosotros para escuchar lo que decimos? Bueno, ellos estaban entusiasmados comentando toda su experiencia vivida cuando sucede lo inesperado.

Jesús se les presenta y a lo largo del camino les pregunta sobre lo sucedido., y como quien dice, les corta el hilo de su testimonio. Y ellos le reconocen en “la fracción del pan”.

Sin embargo, ahora que vuelven a encontrarse con El, se sienten como sorprendidos, como si su presencia les cortase el aliento. Y comienzan de nuevo a desfigurar el verdadero rostro del resucitado.

De camino lo tomaron como un “viajero” más que se les une y acompaña. En Emaús, le reconocen como el “Crucificado-Resucitado”. Y ahora, lo sienten como un “fantasma”.
Las apariciones de Jesús son como un proceso de conversión de sus mentes, es decir, del Jesús de la vida pública al Jesús resucitado.

Pero una conversión que no les resulta nada fácil.
Sus mentes aún no están habituadas a la nueva presencia de Jesús.

En el Evangelio por otra parte, podemos apreciar que insiste en el hecho de que ellos son “bien tardos en entender las Escrituras”.

Para quien hemos leído y entendido la Escritura, el escándalo de la Pasión y de la Pascua debiera ser mínimo. Pero se ve que no basta con leer la Palabra de Dios. Es preciso entenderla y aprender a leerla luego en la realidad de los acontecimientos de la vida.

El proceso de la fe necesita de tiempo. Requiere tiempo y maduración.
No basta decir “yo creo”. Se requiere un lento proceso de crecimiento.

Y el caso es que este proceso de maduración de la fe implica dos elementos fundamentales: EL CONOCER LA PALABRA DE DIOS Y EL EXPERIMENTAR. Pero ojo tampoco parece suficiente. Hay que unir al conocer la “visión”, el “ver”, el “experimentar”.
De ahí que, en las apariciones, Jesús insiste en dejarse ver, pero también insiste en la explicación de las Escrituras.

¿Y nosotros qué camino seguimos en nuestro proceso de maduración de nuestra fe?

Nosotros recibimos la fe en el Bautismo. Pero sólo en semilla.
Tendrá que crecer. Desarrollarse. Madurar. Una maduración en la que “el saber”, “el conocer”, tendrán que ir acompañados del “ver”, es decir, la “experiencia”.
Hablar de fe sin práctica es hablar de nada. Decir que “yo creo” pero “no practico”, es un engaño.

Por ello, no es suficiente que nos aprendamos de memoria todas las Santas Escrituras si en la Práctica no hacemos nada por la Salvación de los demás. El Señor nos pide Hechos y no Palabras.

SEÑOR, ES HORA DE RECONOCERTE Y PEDIRTE QUE HABITES NUESTROS CORAZONES PARA AUMENTANDO NUESTRA FE NO DUDEMOS UN INSTANTE QUE TU ESTAS EN NOSOTROS TODOS LOS MOMENTOS DE NUESTRA VIDA.
 
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lunes, enero 09, 2012
EL BAUTISMO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

Autor: P. Alberto Ramírez Mozqueda | Fuente: Catholic.net
Marcos 1, 1-7. Fiesta del Bautismo del Señor. ¡Juan, recuerda tu misión, bautízame, para que yo sea conocido entre los hombres!.


Marcos 1, 7-11


En aquel tiempo Juan predicaba diciendo: «Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo; y no soy digno de desatarle, inclinándome, la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.» Y sucedió que por aquellos días vino Jesús desde Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. En cuanto salió del agua vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu, en forma de paloma, bajaba a él. Y se oyó una voz que venía de los cielos: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco.»


Reflexión


El calendario en la Iglesia da saltos que nos sorprenderían, si no nos damos cuenta que no estamos siguiendo un camino biográfico en la vida de Cristo, sino momentos claves para entender, vivir y celebrar su mensaje. Por eso no nos sorprende que ocho o quince días estuviéramos celebrando el nacimiento de Cristo y ahora estemos celebrando su propio bautismo.

Cristo entró en el mundo desnudo, en el silencio de la noche, en la oscuridad, en la pobreza, en la desolación, y treinta años después, desnudo, despojado de todo, abandonándose a la voluntad de Dios, y en profunda oración comienza su vida pública, su entrega, la donación de su propia vida.

Hay que señalar muy bien esa desnudez de Cristo que los pintores y los escultores han tenido cuidado de señalar. Desnudo nació Jesús, desnudo se bautizó el Señor, y desnudo en la cruz entregó lo último que le quedaba de vida para mostrar el gran amor que nos tiene.

Fue un momento singular el del bautismo de Cristo. Las primeras generaciones se preguntaban y no sabían dar la respuesta al porqué del bautismo de Jesús, dado que si no tenía pecado, no tenía porqué someterse a un bautismo aunque fuera de penitencia, que no podía salvar, pero que propiciaba el arrepentimiento, la confesión de los pecados y la reconciliación con Dios.

Muchos autores intentaron dar una respuesta. A nosotros nos basta decir que Cristo se sometió al bautismo de Jesús Bautista no por él mismo, sino por nosotros, él como cabeza de la humanidad, y casi casi para dar oportunidad a lo que ocurrió después de su propio bautismo.

Me sorprende mucho el encuentro con el Bautista. Éste tenía como misión dar a conocer a Cristo ya presente entre los hombres. Juan supo mover bien el ambiente.

Su figura era imponente, sobria, rígida, casi repugnante, y su palabra agria, penetrante, cáustica, dolorosa, pero era la palabra que los hombres necesitaban, no la palabra aduladora, dulzona, apapachadora, pues las cosas andaban muy chuecas como para dorarle todavía la píldora a sus oyentes.

Así preparó el camino a la llegada de Cristo, y cuando Cristo apareció formado en la fila de los pecadores, Juan se desconcertó, pues reconoció su pequeñez ante el enviado, ante el Señor, ante el Mesías. Hubo necesidad de que Cristo lo animara, casi como que le tocara el hombro y le dijera muy familiarmente: “¡ Juanito, recuerda tu misión, bautízame, para que yo sea conocido entre los hombres!”.

Así quedo desnudo Cristo ante el Bautista y ante todas las gentes, así se preparaba para servirlos a todos, para ser el servidor de todos, sin mas fuerza y sin mas sostén y sin mas armas que las que pronto le proporcionaría el Espíritu Santo que de hecho él ya tenía por ser Hijo de Dios.

¡Qué distinta manera tendríamos nosotros de iniciar alguna misión en el mundo! Nosotros pediríamos inmediatamente una computadora, una página Web y anuncios, propaganda mucha propaganda, un buen equipo de colaboradores, y dinero, mucho dinero para triunfar en la misión confiada.

Cristo no, él se desnuda, se despoja de todo, y en actitud de oración, de profunda oración en la rivera del Jordán, aquél río que los israelitas tuvieron que cruzar para llegar a la tierra prometida después de cuarenta largos años de camino y de penitencia, él puede anunciar al pueblo como ya presente, lo que Isaías contemplaba a distancia:

“Consuelen, consuelen a mi pueblo... hablen al corazón de Jerusalén y díganle a gritos que ya terminó el tiempo de su servidumbre y que ya ha satisfecho por sus iniquidades”.

Así, desnudo y en profunda oración, ocurre lo verdaderamente importante después del bautismo: Los cielos se abrieron, el Espíritu Santo se manifestó en forma sensible posándose sobre Jesús como el vuelo suave de una paloma, y de en medio de la nube, aquella voz misteriosa y encantadora:

“Tú eres mi Hijo, el predilecto, en ti me complazco”.

¿Lo entendemos? Cristo ¡Ya era el Hijo de Dios! ¡Ya tenía el Espíritu Santo desde el instante de su concepción en el seno de su madre!

Pero los hombres no lo sabíamos y era necesaria entonces la intervención del Padre, para presentar a su Hijo entre los hombres, dotándolo de todos los poderes, o mejor, del único poder necesario para la salvación de los hombres: LA PRESENCIA DEL ESPÍRITU SANTO.

Y desde entonces el desbordamiento de Cristo sobre la humanidad fue total. A los doce años, cuando pequeño se quedó en el templo de Jerusalén y su madre le reclamó que no le hubiera avisado, él respondió:

“¿Qué no sabías que debo de ocuparme en las cosas de mi Padre?”.

Sin embargo, su instrucción no estaba completa, le faltaba madurar como hombre, cerca de aquellos padres fabulosos que el Padre puso cerca de él. Todos le miraban en Nazaret, y todos le veían crecer, aunque no pudieran contestase por qué no se casaba, porqué no elegía mujer como todos los jóvenes de su tiempo.

Pero al mismo tiempo comprendían en sus corazones sencillos que aquel chiquillo que nació en forma por demás extraña, estaba llamado a grandes cosas.

Ahora estaba completo, su formación había concluido y no le quedaba sino lanzarse a llamar a todos los hombres a ser ciudadanos del Reino.

Y a eso estamos llamados todos los que hemos sido invitados al Bautismo en la Iglesia. A entregar toda nuestra capacidad para la salvación de todos los hombres. Los bautizados estamos llamados a dejarnos guiar por el Espíritu Santo de Dios y no por las solas fuerzas naturales, para conseguir la paz que a lo humano vemos cada día más lejana.

El Espíritu Santo tiene muchas cosas que decirnos en familia, él tiene grandes mensajes para la familia, y desde la familia quiere hacer que el mensaje de Cristo, su Reino de Verdad, de Justicia, de Amor y de Libertad sean una profunda realidad entre nosotros. ¡Qué pena da cuando preguntamos a los papás porqué quieren que su hijo sea bautizado y nos responden “para que le tumben los cuernos”, haciendo alusión al pecado original y a cierta intervención del demonio!

Cierto que el bautismo es un rito de purificación, que efectivamente quita toda mancha de pecado, pero el bautismo del cristiano va mucho más allá, hasta dotarlo de la fuerza del Espíritu Santo y hacer de él un hombre que proceda en la verdad, que camine en justicia, que se solidarice con los hombres en el amor, capacitándolos para usar adecuadamente de la libertad que Dios nos ha consagrado y gracias a la cual podremos aceptar el amor, el grande amor de nuestro buen Padre Dios.

Por cierto, ¿Cuándo es el aniversario de tu propio bautismo?
 
posted by Laureano García Muentes at 4:26 AM | Permalink | 0 comments
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