domingo, abril 24, 2016
XXV ENCUENTRO NACIONAL DE LOS SALVATORIANOS LAICOS DE COLOMBIA
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Del 12 al 15 de Agosto del 2016, los Salvatorianos Laicos en Colombia celebraremos nuestro Encuentro Jubilar de los 25 años de la creación de nuestro Movimiento.

Hoy con nuestros ojos apreciamos como nuestro Movimiento Laical Salvatoriano se ha engrandecido en el Tiempo de Dios, manifestándose así con su presencia viva en la Iglesia y en varias de las poblaciones y ciudades de Colombia.

El Carisma, la Espiritualidad y la Misión heredada del Padre Francisco Jordán y de la Beata Maria de los Apóstoles, han sido las bases principales para hacer de nuestro laicado una alternativa eficaz para incidir desde nuestros habientes y con nuestro liderazgo, en la vida y en las exigencias de los nuevos tiempos.

Que el Espíritu de Dios vivo en cada uno de nosotros continué dirigiendo y orientando nuestras acciones para así alcanzar ser un Movimiento significativo en el mundo de hoy.

¡¡¡ LOS ESPERAMOS EN CARTAGENA COLOMBIA!!!
 
posted by Laureano García Muentes at 8:46 a.m. | Permalink | 0 comments
¿SIRVES A JESÚS A PESAR DE QUE SIENTES QUE HAY ALGUNOS QUE TE TRAICIONAN?

Te invito a que te detengas un momento y pienses que a pesar de todos tus esfuerzos y sacrificios por dar a conocer el camino que conduce al encuentro con Dios, existen personas que te frustran. Medita un poco y pregúntate: ¿Quién se ha levantado contra ti? ¿Qué es tan frustrante en ellos? ¿Sabes cómo ser un servidor como Jesús en estas situaciones?

Jesús dice en el Evangelio que nunca podremos ser más grandes que Él. Él es nuestro Maestro; esto lo entendemos. Lo que no entendemos es cómo seremos bendecidos sirviendo de la misma manera que Él sirvió. Él sirvió a Judas aun cuando sabía cómo lo traicionaría.

Gracias a que Jesús vive en nosotros, podemos tener su mismo corazón de servidor hacia los que nos traicionan o nos frustran con sus constantes pecados. Como Jesús, podemos amarlos y hacerles bien sin cooperar en sus pecados.

Traicionamos a Jesús cuando les damos ira a los demás en vez del amor de Dios. Nos alzamos contra Él cuando nos negamos a imitar su servicio abnegado.
¡Jesús nos mostró con su ejemplo que ir a la cruz por los demás es bueno! Pero ¿cómo puede ser bueno para nosotros estar clavados por el comportamiento cruel de alguien, o ser crucificados injustamente por acusaciones falsas? ¿Cómo vamos a superar las heridas y el sentimiento de frustración?

Jesús respondió esto en Juan 12, 26: "quien me sirve que me siga; y donde yo esté, mi siervo también estará. Mi padre honrará a quien me sirva." ¡No hay mayor bendición que ser honrado por Dios!

La alternativa es dejarnos llevar por nuestras heridas y actuar según nuestros sentimientos de frustración, pero entonces seguimos la maldición de nuestras heridas. La curación sólo comienza cuando perdonamos a los demás, pidan perdón o no.

Es frustrante insistir en que otros nos traten de la manera que deberían porque, cuando no lo hacen, nos enfocamos en lo que nos está dañando en lugar de enfocarnos en Jesús. Nunca encontraremos la felicidad de esta manera. La verdadera felicidad en tiempos difíciles surge de unirnos a Cristo. Nuestra naturaleza carnal dice: "¡no quiero hacer esto! ¡Que pase esta Copa de mí!" Nuestra naturaleza espiritual, conectada al Espíritu Santo de Jesús, dice: "si no pueden o no quieren darme amor, los dejaré crucificar mi deseo de recibir su amor y confiaré en Dios para que levante mi vida hacia nuevas alturas de gozo."

San Ignacio de Antioquía lo explicó maravillosamente: "Yo soy el trigo de Cristo, molido por los dientes de las bestias para ser pan puro de la tierra". Al dejar que los demás muelan lo que queremos de ellos, nos convertimos en Eucaristía para ellos (el Pan de Cristo). Llegamos a ser signo del verdadero Cristo. ¡Qué regalo tremendo que podemos dar! Si sólo nos quedamos con recibir el regalo, por ejemplo, durante la Liturgia Eucarística de la Misa, entonces estamos pecando egoístamente.

 Ser Eucaristía no significa estar siempre en peligro. Seguimos a Jesús a la cruz y la resurrección. Incluso si las otras personas no cambian, nosotros sí. Sus decisiones y comportamientos ya no controlan nuestros sentimientos. En esto, ¡somos enormemente bendecidos!


SEÑOR: AYÚDANOS A REFLEJAR TU NOMBRE EN TODOS NUESTROS ACTOS, SIRVIENDO A LOS DEMÁS CON HUMILDAD Y MISERICORDIA.
 
posted by Laureano García Muentes at 8:10 a.m. | Permalink | 0 comments
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