Dios es la Verdadera Sabiduría, y debemos creer y sentir que realmente
la poseemos, porque Él quiso entregarse a nosotros.
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Del santo Evangelio según
San Mateo 7, 21.24-27
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: No todo el que me diga:
Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad
de mi Padre celestial. Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las
ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre
roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y
embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada
sobre roca. Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en
práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena: cayó
la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra
aquella casa y cayó, y fue grande su ruina.
Reflexión
Dios es la Verdadera Sabiduría, y debemos creer y sentir que realmente la
poseemos. La poseemos porque Él quiso entregarse a nosotros y nosotros
libremente podemos acogerlo. Acoger su sabiduría es acoger su Palabra, y
acoger su Palabra es vivir la síntesis del Evangelio que podríamos citarla en
dos aspectos: Este es mi mandamiento: "Ámense los unos a los otros, como
yo los he amado."(Jn 15, 12).
Y el otro aspecto indica cómo nos ama Él: "Dios amó tanto al mundo, que
entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que
tenga Vida eterna." (Jn 3, 16). Esta es la simplicidad de Dios: Dios es
simple, nos ama gratuitamente sin que hayamos hecho algo para merecerlo y
sencillamente nos quiere con Él para la toda la eternidad a través de Jesús.
Por tanto, tengamos un corazón abierto a la Palabra de Dios en este tiempo y
no temamos compartir nuestra reflexión con aquellos que nos rodean, ya que
todo hombre está llamado a conocer la Verdad, a conocerle a Él íntimamente y
alcanzar la Eternidad con Él y en Él.
Meditación del Papa Francisco
La fe entiende que la Palabra, aparentemente efímera y pasajera, cuando es
pronunciada por el Dios fiel, se convierte en lo más seguro e inquebrantable
que pueda haber, en lo que hace posible que nuestro camino tenga continuidad
en el tiempo. La fe acoge esta Palabra como roca firme, para construir sobre
ella con sólido fundamento.
No hay diferencia entre la fe de "aquel que se destaca por su
elocuencia" y de "quien es más débil en la palabra", entre
quien es superior y quien tiene menos capacidad: ni el primero puede ampliar
la fe, ni el segundo reducirla. Por último, la fe es una porque es compartida
por toda la Iglesia, que forma un solo cuerpo y un solo espíritu. En la
comunión del único sujeto que es la Iglesia, recibimos una mirada común.
Confesando la misma fe, nos apoyamos sobre la misma roca, somos transformados
por el mismo Espíritu de amor, irradiamos una única luz y tenemos una única
mirada para penetrar la realidad.(S.S. Francisco, encíclica Lumen fidei n.
10 y 47).
Propósito
Haré una oración espontánea junto con algún ser querido (hijo, hermano,
marido, esposa, pariente, amigo...) donde le pida a Dios que me conceda la
gracia de prepararme auténticamente para la Navidad.
"PIDAMOS A DIOS CON
CONFIANZA LA SABIDURÍA DEL CORAZÓN POR INTERCESIÓN DE AQUELLA QUE ACOGIÓ EN
SU SENO Y ENGENDRÓ A LA SABIDURÍA ENCARNADA, JESUCRISTO, NUESTRO SEÑOR.
¡MARÍA, SEDE DE LA SABIDURÍA, RUEGA POR NOSOTROS!" (BENEDICTO XVI,
ÁNGELUS, 20 DE SEPTIEMBRE DE 2009).
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Autor: José Ignacio Olvera Mendoza | Fuente: Catholic.net