Como cristianos, hemos sido creados con sabor, es decir, tenemos
dentro de nosotros la plenitud de la vida del Espíritu Santo de Dios.
El cristiano útil es aquel que evangeliza agregándole el sabor del amor
de Cristo a las vidas de las otras personas. ¡Pero ten cuidado con esforzarte
demasiado! ¿Qué sucede cuando la comida está con demasiada sal? Sabe horrible.
No importa cuán buenas puedan ser nuestras intenciones, si insistimos
demasiado, hacemos más daño que bien.
Las personas son más propensas a acercarse a Jesús si primero experimentan Su
amor a través nuestro. Necesitan descubrir que Él los ama tal como son, que es
amable y sincero cuando los invita a crecer, y que los atiende en sus
necesidades.
Nosotros, los que estamos vivos en el Espíritu Santo, estamos llamados a
dar sabor a sus vidas con este amor.
Para dar sabor a las vidas de otros con el amor de Jesús, debemos dejar que Su luz
brille en nosotros. Debemos estar tan iluminados por Cristo que los demás
no puedan dejar de notarlo.
El cálido brillo de Jesús, debería ser lo que otros vean cuando nos
miran. Esto sucede cuando los amamos incondicionalmente, pacientemente, llenos
de amabilidad y preocupación, mientras que no escondemos nuestra relación con
Jesús.
¿Qué obstruye la luz de Cristo que brilla dentro de ti?
Si las personas no están encontrando a Jesús a través nuestro,
necesitamos preguntarle al Espíritu Santo por qué. ¿Qué están viendo entonces?
¿Es algo que necesitamos cambiar dentro nuestro?
A medida que el Señor nos vaya revelando las obstrucciones, los Sacramentos
de la Reconciliación y de la Eucaristía nos llenarán con las gracias que
necesitamos para permanecer en la luz.
Además, Jesús dice debemos ser una "comunidad". No podemos
evangelizar solos. Una comunidad es un grupo de cristianos: una parroquia, una
familia, una organización eclesial. Ser cristiano significa estar en una
comunidad.
Cuando nuestra luz se une a la luz de otros, nuestro brillo colectivo es
mucho más efectivo al revelar el amor de Cristo al mundo. ¿Por qué? Porque los
no creyentes aprenden que el amor de Cristo es real cuando nos ven vivir
amándonos unos a otros (ver Hechos 2, 42.47).
Ser una comunidad también es necesario porque es como nos convencemos que somos
amados verdaderamente. Somos la luz de Cristo entre nosotros. Somos Su amor
entre nosotros. Somos el sabor entre nosotros.
Sin
cada uno de nosotros, nuestra luz disminuye, nuestro sabor se extingue, y nos
convertimos en inútiles para el reino de Dios.

Reflexiones
para el Alma.
SEÑOR,
PERMITE QUE EL SABOR DE TU AMOR SEA PARA NOSOTROS EL MAS PRECIOSO Y BELLO
TESORO Y COMO PORTADORES DE EL, PODAMOS ENTREGARLO AL MUNDO PARA QUE TE CONOZCAN,
TE AMEN.